LA AUTOESTIMA – Parte 2

La Autoestima – Parte 2


Autoestima y los niños

Los niños aprenden a conocerse a sí mismos a través de lo que piensan y opinan de ellos. Cuando los niños crecen con amor, seguridad y estímulos adecuados a su edad por parte de los padres u otros adultos estarán más preparados para los avatares de la vida en el futuro. El bebé aprenderá a entender sus emociones como tristeza y alegría, a través de las palabras y la comunicación no verbal por parte de los adultos. Cuanto más se le hable a un bebé mejor podrá aprender y entender sus emociones y las emociones de los otros, mejor desarrollará sus capacidades de razonar y de relacionarse con los otros.

Por otro lado, el abandono, la incertidumbre, o las agresiones fomentará en el menor el pesimismo, el aislamiento y la infelicidad. Los abusos continuados debilitan en los niños los principios que dan sentido a la vida, disminuye su confianza y su capacidad de adaptación aislándolos del mundo que les rodea. Tienen que aprender a vivir en un entorno agresivo y cruel del que quisieran huir pero paradójicamente dependen y lo necesitan. En la mayoría de los casos, terminan aislándose de todo su entorno, familia, escuela, amigos. La culpa empieza a entrar en sus vidas y se martirizan como responsables de las agresiones que reciben. Piensan que si el padre o la madre lo maltratan es porque algo ha hecho mal. Finalmente, estos niños que conviven durante años con la violencia pueden terminar desarrollando trastornos  emocionales como la  ansiedad o la depresión.

 

Autoestima y los adolescentes

La adolescencia es un período que se destaca entre otras cosas por la sensibilidad  a los juicios de los otros. Los adolescentes toman como suyos los juicios que hacen de ellos las personas importantes de su entorno, o creen ellos que hacen, y los valores y las normas sociales que captan del entorno. Por ejemplo, la forma cómo ellos se ven físicamente según el modelo ideal socialmente marcado, contribuye en esa autovaloración de sí mismos. El temor al rechazo por parte de amigos, conocidos y el entorno en general, determina la forma en que se comportan y puede generar emociones como vergüenza, culpa y remordimiento cuando no se sienten deseados y aceptados socialmente. Para gran parte de los adolescentes, la valoración de su aspecto físico condiciona su nivel de autoestima.

 

Autoestima  e imagen personal

Generalmente, pretendemos dar la imagen que nos hemos construido de nosotros mismos. Para que funcione es necesario que nuestro comportamiento vaya en la línea de esa imagen y así será verosímil. Si quiero dar una imagen de ser una persona ordenada porque así me veo, será esencial que mi conducta con los demás demuestre que soy ordenada, por ejemplo en el trabajo, deberé tener mis útiles de escritorio en orden.

Cuando la persona tiene una autoestima alta intenta mostrarse como alguien que tiene una alta valoración de sí misma, y en algunas ocasiones podrá implicar un desgaste de energía y ciertos riesgos, por ejemplo, el  tratar de disimular mis miedos ante una situación de riesgo como hablar ante un público, me genera un desgaste. Cuando la persona tiene una baja autoestima, en ocasiones, llegar a pensar que por más esfuerzos que haga, no logrará modificar la forma como la perciben.

Cuidar nuestra imagen personal nos aporta grandes beneficios como adaptarnos a determinadas situaciones y sacar provecho en momento concretos. Podría ser el ejemplo cuando vamos a una entrevista de trabajo. Si damos una imagen de optimismo y simpatía aun cuando en esos momentos no nos sintamos así, nos ayudará a tener más probabilidades de conseguir el puesto. No se trata de mentir sobre nosotros. Se trata, en definitiva, de potenciar nuestras cualidades y no mostrar tanto nuestras valencias. Una persona sonriente expresará alegría y aceptación a la otra persona, y una persona que se muestra protestona o irritable provocará el rechazo y distanciamiento de los otros. Nuestra sonrisa, que podrá ser forzada al principio, tendrá más probabilidades de provocar agrado en el otro que si nos mostramos decaído y taciturnos. Más aún, la aceptación por parte del otro nos provocará sentimiento de agrado y terminaremos sonriendo con emoción completa. No se trata de dejar de ser nosotros mismos, sino de ayudarnos a ser nosotros mismos en nuestras mejores condiciones.

Es una realidad aunque no sea justa, que a aquellas personas que son atractivas físicamente se les visualiza como más inteligentes, exitosas y capacitadas con respecto a aquellas personas menos atractivas. Serán antes disculpadas ante un error cometido y tendrán más oportunidades socialmente y por ende, laboralmente. Por lo que cuidar nuestra imagen nos traerá más beneficios.

Las personas con una baja autovaloración, a veces están  convencidas de que no pueden dar una impresión de seguridad y autoestima alta, por lo que sienten desasosiego y ansiedad.

 

¿Qué factores contribuyen a una buena autoestima?

La extraversión nos ayuda a expresar nuestros sentimientos y a organizar nuestra mente. En situaciones difíciles, si somos capaces de expresar lo que nos pasa, nuestros miedos y nuestras angustias, podremos tolerar la situación de forma menos ansiosa que si no logramos comunicar aquello que estamos viviendo. Al hablar expresamos nuestras emociones y nos libera de esa carga emocional ayudándonos a estar más fuertes para futuras situaciones estresantes. Al hablar logramos entendernos un poco más qué nos pasa y porqué, además también recibimos otra perspectiva de lo sucedido, el de la otra persona que nos escucha. Las personas que se sienten parte de un grupo o una asociación pueden superar los momentos difíciles mejor que aquellas personas que carecen de un entorno social.

Las personas optimistas tienen una visión más positiva de todo lo que les sucede, además  perciben y valoran su vida de forma más positiva e interpretan los hechos bajo un prisma más positivo.  Se suelen ver como responsables de sus éxitos y consideran que se los merecen, y al mismo tiempo, se visualizan, con frecuencia, exentos de sus errores.  Por el contrario, las personas pesimistas suelen registrar y subrayar los hechos negativos  y se suelen sentir como responsables de sus adversidades.  El optimista tratará de encontrar el lado positivo de los errores e  infravalorará  las consecuencias negativas de esos desaciertos.  El optimismo protege la autoestima y genera expectativas positivas, las cuales ayudarán a que se dé ese resultado positivo esperado.  Si soy optimista y creo que tengo muchas expectativas de lograr un trabajo determinado, iré a la entrevista con ese optimismo y esa confianza en que lo voy a lograr. Esa actitud me protegerá mi autoestima y me permitirá tener confianza para sentirme tranquilo, resuelto y exponer mis habilidades con entusiasmo en la entrevista. Aunque no será determinante para lograr el puesto, mis probabilidades aumentarán enormemente, y no por el contrario, si me muestro con una actitud pesimista.

La extroversión y el optimismo son características de la personalidad que se pueden desarrollar si no se tienen. Hay diferentes técnicas, pero un primer gran paso será autovalorarnos, tener una de mirada de aceptación y después empezar a buscar el cambio.

Aquí el enlace de la parte 1: http://ansiedad-depresion.es/la-autoestima-me-quiero-no-me-quiero-me-quiero-no-me-quiero-parte-1/

Aquí el enlace de la parte 3: http://ansiedad-depresion.es/la-autoestima-me-quiero-no-me-quiero-me-quiero-no-me-quiero-parte-3/