Testimonios


Hace ahora un año y medio que logré superar una separación. Fue muy duro. Llevábamos casados cuatro años. Cuando supe que quería separarse, me quería morir. Le odiaba, no soportaba que él quisiera dejarme a mí que yo tanto le había dado. Él me abandonó. El odio y la rabia se acabaron convirtiendo en depresión. No tenía ganas ni de levantarme por las mañanas, ni de comer, ni de ver a nadie. Sentía que iba a estar sola toda mi vida y eso no podía soportarlo. Gracias al tratamiento con el psicólogo he aprendido a aceptar la posibilidad de que el otro pueda decidir irse, he aprendido a no depender del otro, ser más independiente, a quererme más. Creo que la próxima vez podré tener una relación desde la no dependencia. (Natalia P.)

Tengo 21 años y he estado sufriendo ansiedad durante años. A veces he estado mejor pero otras veces ha sido insoportable. Me venían ideas a la cabeza que hacían que sintiera miedo. De repente sentía mucha agitación, me costaba respirar, me ponía tan tensa que me dolía mucho la espalda, sudaba aunque hiciera frío. No lograba controlarme. El miedo me bloqueaba. No quería salir a la calle, tenía miedo de morir, de ser atropellada o cualquier otra cosa. Empecé a tomar calmantes pero aunque me relajaban, los ataques volvían. Cada vez eran más frecuentes e intensos. Empecé un tratamiento con psicólogo pero no me ayudaba seguía mal, seguía peor. Cambié de centro. Desde hace seis meses estoy con un nuevo tratamiento psicológico. Este centro me está ayudando, son muy buenos. Estoy contenta, con cada sesión voy mejorando. Ahora logro controlar mis síntomas ante un ataque, me relajo, pienso y finalmente desaparece. Cada vez tengo menos crisis. (Maria H.)

El día que me dijo que ya estaba harta de mí y que quería el divorcio, creía que vivía un sueño, esto no me podía estar pasando a mí. Había creado un mundo perfecto, nuestra bonita casa, nuestros hijos tan buenos, nuestro barrio, familia, amigos…Éramos la una pareja envidiable, jóvenes, guapos, exitosos en el trabajo. Ese día la quería matar, porque esto no me lo podía hacer ella a mí. Empecé una lucha feroz contra ella con la separación. Le hice todo el daño que pude, me estaba vengando. Me volví una persona egoísta, agresiva, desagradable, solitaria.. Era tanta la rabia que tenía dentro que ya no podía ni respirar. Cuando tuve una crisis de ansiedad, entendí que debía pedir ayuda. Pedir ayuda nunca fue mi especialidad. Ahora estoy terminando con la terapia. He aprendido mucho, he logrado superarlo y he crecido interiormente. Mis valores han cambiado. (Juan T.)

[adrotate banner=”5″] He sido depresivo, he tomado medicación durante dos años. Excepto mi mujer, nadie de mi entorno sabía en qué situación estaba. Nadie debía saberlo. Cómo no me funcionaba y cada vez estaba peor, decidí acudir a un Psicólogo. Me costó tomar la decisión, porque yo creía que los psicólogos eran como lavadores de cerebro. Las primeras sesiones eran duras, el psicólogo me mostró una realidad que yo conocía pero que no quería ver. Siempre había hecho lo que los otros esperaban de mí, estudié derecho porque mi padre es lo que quería, me casé con quien mis padres esperaban que lo hiciera, tuve dos hijos porque así debía ser. Nada era cómo yo quería, pero ni siquiera sabía lo que quería porque nunca me lo había preguntado. Después de nueve meses de sesiones, puedo decir que he superado mi depresión y sin medicación. Me siento orgulloso de mí, he trabajado duro pero ha merecido la pena. Ahora hago lo que realmente quiero. Estoy separado y tengo a mis hijos regularmente. Sigo ejerciendo de abogado pero reservo para de mi tiempo a pintar que es lo que siempre quise hacer. (Ruben R.)

 

Cometí demasiados errores cuando estábamos juntos. Nunca tuve facilidad para expresar mis sentimientos pero nunca lo vi un problema. Vivíamos juntos pero en realidad cada vez estábamos más alejados. Casi no nos comunicábamos ni teníamos relaciones. Yo empecé a conocer gente por internet. Allí sí que podía expresarme, me sentía libre para decir lo que quisiera, nadie conocía mi identidad. Así pasó más de un año. Yo era feliz, o eso pensaba. Hasta que ella no pudo más con mis silencios y se fue. Me quedé solo con mi ordenador. Pero ya ni eso me llenaba. Perdí el trabajo y me abandoné. Comía poco y nada me interesaba. Gracias a la insistencia de mi familia acudí al Centro psicológico y empecé a trabajar mis problemas. Salí de la depresión. Aprendí a expresar mis emociones. Aprendí a escuchar. Ahora estoy preparado para una nueva relación. (Antonio M.)

 

Tenía tanto miedo que hasta respirar me daba miedo. Tenía miedo cuando salía a la calle, miedo al ascensor, miedo al ridículo, miedo a ser rechazada, miedo a ser atropellada, miedo a los perros, miedo a morir…miedo al miedo. No podía controlar mis pensamientos, automáticamente se me disparaban terribles fantasías, imágenes propias de películas de terror. Vivía con ansiolíticos que tomaba regularmente. Cada vez salía menos de casa y me aspecto era cada vez más aterrador, porque tenía miedo hasta de la ducha. Pero empecé a trabajar con el psicólogo y me enseñó técnicas para controlar mis pensamientos en momentos de pánico. Con la terapia he aprendido a cambiar mis ideas y a confiar más en mí y en los demás. Acepto la muerte como una posibilidad de que venga en cualquier momento pero viviendo y disfrutando de cada instante. (Carla V.)

 

Estuve durante demasiado tiempo deprimida, pero no lo sabía. Hace ahora tres años que empecé a sentirme mal, tenía muy poca energía para hacer cualquier actividad de mi vida diaria, levantarme por las mañanas, preparar la comida, hacer la compra, ir al trabajo, hasta los supuestamente divertidos fines de semana como ir a la playa, me suponía demasiada energía. Pensé que sería pasajero y dejé pasar meses, pero cada vez me sentía más apática y antisocial. Me hice estudios clínicos y todos me decían que mi salud era buena. Me costaba mucho dormirme y me costaba tomar iniciativas, era una especie de cosa que se deja arrastrar. Ni la comida me interesaba, llegué a perder casi ocho kilos. Cada vez tenía más dolores de cabeza, y olvidaba las cosas. Me divorcié, o mejor dicho él se divorció de mí, no le culpo, ahora me doy cuenta que para él no fue fácil. Intenté sacarme la vida y eso fue lo que me hizo reaccionar. Fue como una segunda oportunidad de vivir. Así que empecé tratamiento psicológico y gracias al psicólogo ahora puedo disfrutar de la vida. No fue un proceso fácil, me llevó un año y medio. Me di cuenta que nada era suficiente para hacerme sentir orgullosa de mí misma, siempre me culpabilizaba y me exigía demasiado. Aprendí durante el proceso a usar técnicas para llevar a cabo mi vida diaria con energía. Descubrí qué cosas siempre me habían hecho sentir inferior a los demás, como mi relación conflictiva con mi madre, nunca me dijo nada bonito, siempre me reprochaba. El tratamiento me enseñó a confiar en mí y a no ser tan dependiente de los demás. Ahora me siento más preparada para situaciones difíciles que puedan darse. Soy feliz, ¿qué más puedo desear? (Sonia N.)