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¿Qué es la empatía?

La empatía es la capacidad cognitiva de percibir lo que la otra persona puede sentir. Es ponerse en la piel del otro y entender su punto de vista, más allá de su uno está de acuerdo o no. La empatía es una capacidad que se puede desarrollar entrenándose.

Aquellas personas con poca empatía, no entienden muchas de las reacciones de las personas de su alrededor. Entienden su mundo solo a través de sus ojos. Entonces se dan situaciones que uno percibe como de ataque cuando la realidad es bien distinta.

Un ejemplo podrías ser cuando en una red social escribo un texto con mucha ilusión y con la expectativa de que me respondan pero al cabo de un tiempo descubro que nadie me ha contestado. Entonces, pienso que son desagradecidos, que no me quieren o que valgo tampoco y que no merezco una respuesta.

Pero la realidad puede ser otra y podré cuestionar mi realidad si puedo salir de mí y ponerme en la piel del otro. Entonces podré descubrir que hay otras muchas razones por las cuales no he recibido ningún feedback.

Siguiendo el ejemplo anterior, podría haber sucedido que: Escribí en un momento en que todos dormían o al revisar, Descubro que no le di a enviar, No escribí en un lenguaje claro, No saben cómo responder a mi texto,…De cualquier forma, en el momento en que piensa un poco más en el punto de vista del otro, me vuelvo una persona más permisiva, tolerante, accesible, mi autoestima no se daña, en definitiva, más empática.

¿Cómo puedo desarrollar la empatía?

Aquí te propongo tres ejemplos de cómo puedes mejorar tu autoestima.

Ejercicio nº 1:

Si quieres desarrollar esta habilidad, puedes empezar practicando en un café, restaurante o parque.

Observa una pareja de la mesa de al lado, que esté conversando. Trata de adivinar la vida de cada uno de ellos, son una pareja sentimental, amigos, familiares, relación de trabajo; qué pueden estar hablando, es la comunicación buena o no, discuten o hablan con calma, quien parece tener una posición más dominante.

Observa la conducta no verbal, la postura de los dos, cómo están sentados, piernas cruzas o en paralele, cuerpo apoyado en la mesa o recostado en el respaldo de la silla; cómo gesticulan con las manos, marcan lo que dicen con el índice, tienen las manos debajo de la mesa o se muerden las uñas. Cómo expresan con la cara, están enojados, la ceja en alto, cara roja y tensionada o parecen relajados, mentón un poco caído, hay sonrisa es sus rostros. Cuál es el tono de voz de cada uno de ellos.

Estos son algunos ejemplos de lo que puedes observar de esa pareja.

Juega con tu imaginación, aunque muchos elementos no los detectes con la observación, pueden poner parte de tu fantasía. Desarrollar la creatividad también te ayudará a trabajar la empatía.

Ejercicio nº 2:

Un amigo te cuenta algo que le ha sucedido. Por ejemplo, ha tenido un problema con su jefe en el trabajo.

Escúchale atentamente, registra sus emociones y su forma de ver los hechos.

Ahora no los des por válidos en la misma forma en que tu amigo te los relató. Empieza a cuestionarte si la realidad no podría ser un poco distinta.

Trata de imaginar esa misma situación pero ahora te ves siendo tú el jefe y vuelve a relatar los hechos bajo el punto de vista de jefe.

Por ejemplo: tu amigo se queja de la bronca de su jefe porque siempre llega diez minutos tarde al trabajo. Tu amigo está enojado ya que su jefe debería considerar que muchos días sale tarde del trabajo, tu amigo se considera a sí mismo como una persona responsable.

Ahora haz de jefe y trata de ver las razones por las cuales le diste una bronca. Puede que para ti la responsabilidad esté entre otras cosas en la puntualidad al llegar y al irse. Puede que el trabajo de tu amigo sea de atención al público y la puntualidad sea esencial para dar un buen servicio.

Para terminar el ejercicio, puedes aportar a tu amigo esa otra versión, la versión de jefe. El objetivo no es contradecirá tu amigo y enemistarte con él, sino ayudarle a que él mismo pueda ver las cosas desde otra perspectiva. Los amigos buenos nos ayudan a cuestionarnos.

Ejercicio nº 3:

Después de haber trabajado en los ejemplos anteriores en varias situaciones, ahora te toca entrenarte en algo más personal.

Recuerda alguna situación del pasado en la que te sentiste que alguien te traicionó, o te abandonó o bien, se alejó de ti o se enojó. Busca aquella situación de la que puedas recordar los hechos con la mayor claridad posible.

Toma un papel y un lápiz. Divide la hoja en dos columnas. En la columna de la izquierda escribe como título HECHOS VIVIDOS y en la columna de la derecha HECHOS PLANTEADOS.

Empieza a escribir todo lo que recuerdes de ese suceso. Empieza con los hechos concretos, que´ pasó, cómo fue la conversación…Sigue escribiendo cómo te sentiste, cómo recuerdas al otros…Escribe todo cuanto recuerdes de esa historia.

En la columna de la derecha, ahora tú vas a ser tu amigo. Escribe poniéndote en su piel, qué sentiste, qué vivenciaste, cómo gestionaste el asunto…

Por ejemplo:

Recuerdas el día que le dijiste a tu pareja que habías ido a tu revisión médica anual y en unas pruebas detectan que podrías tener un posible tumor. Se lo cuentas a tu pareja y de la forma que reacciona, deduces que en los momentos difíciles no sabe acompañarte y darte soporte emocional. Finalmente después de una revisión más profunda, sabes que felizmente no hay nada que temer, está todo correcto.

Anotas en la columna de la izquierda los hechos como fueron y cómo te sentiste, qué le dijiste y cómo terminó esa historia. En la columna de la derecha ahora eres tu propia pareja, escribe cómo te sentiste y porque reaccionaste de ese modo, sin apenas hablar del tema y tratando de hacer cosas divertidas. Busca las razonas por las que tú (como pareja) actuaste de ese modo. Tuviste miedo ante un tumor maligno, te sentías impotente porque no podías evitar esa posible enfermedad. No sabías cómo reaccionar porque no sabías que necesitaba tu pareja, no pudiste darle palabras de tranquilidad, de confort, de protección. Te quedaste sin habla y lo único que pudiste hacer es no darle importancia y tratar de animar a tu pareja con cosas divertidas.

Cuando descubrimos que quizás el otro hizo lo que hizo por sí mismo, por sus limitaciones propias o sus propios miedos, empezamos a sentirnos un poco menos desvalorizados, comprendemos mejor qué pasó y nos sentimos más queridos. Cuando podemos ponernos en la piel del otro, nos sentimos menos agredidos.

¿Por qué debo hacer ese esfuerzo de trabajar mi empatía?

Tengo dos opciones y son opciones porque puedo elegir. La primera es no hacer nada, seguir como siempre sin desarrollar mi capacidad empática, y la segunda es empezar ya mismo, hacer ese esfuerzo y trabajar mi empatía.

No hacer nada significa seguir viviendo con numerosas situaciones donde puedo estar cometiendo el error de malinterpretar los hechos en mis relaciones de pareja, amigos, familia, compañeros de trabajo, etc. Puedo seguir creyendo que mi punto de vista es el verdadero simplemente porque así es como lo veo yo. Continuaré tomando decisiones erróneas porque estarán basadas solo en mi percepción. Seguiré menoscabando mi autoestima porque creeré, basado solo en mi percepción, que el otro quiso agredirme.

Pero si decides empezar ahora, te felicito. Esa decisión requiere coraje y esfuerzo. Los resultados los podrás ver inmediatamente. Tus relaciones se verán afectadas positivamente y tu autoestima crecerá. Dejarás de sufrir las agresiones porque podrás evaluar los hechos con más claridad y tendrás más madurez y valentía para actuar en consecuencia de lo ocurrido. La interpretación de lo que te acontece será más objetiva y podrás ser más racional en tus decisiones. Desarrollarás tu inteligencia emocional y podrás quererte más.

Empieza ahora a trabajar tu empatía! No pierdes nada y ganas mucho!