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Los trastornos mentales afectan a la capacidad de las personas para afrontar la vida diaria.

Los trastornos mentales se caracterizan por una combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones sociales. Los factores responsables de los trastornos mentales no solamente pueden ser individuales como la herencia genética, la alimentación y el estrés sino también como consecuencia de variables sociales, culturales, económicas, políticas y ambientales.

La exclusión que en muchas ocasiones sufren las personas con algún trastorno mental, incluso sus familiares, los lleva a preferir permanecer en el anonimato y no hacer uso de los servicios de salud mental que pueda haber en su comunidad. El rechazo de los que sufren algún trastorno mental es una realidad en muchas sociedades aun hoy en día. Existe la creencia de que no es posible tratar los trastornos mentales, o de que las personas que los padecen son difíciles, poco inteligentes o incapaces de tomar decisiones. Se les responsabiliza de su salud mental, si una persona está deprimida, en general, se cree que es su responsabilidad, y por tanto, esa persona debe curarse por sí misma. Se los rechaza y se les aísla y se les priva de atención médica y apoyo psicológico.
Al igual que podemos hablar de nuestras dolencias físicas sin miedo a ser censurados o cuestionados así deberíamos poder hacer de nuestra salud mental. Más aún, si se tiene en cuenta que al compartir nuestros problemas comenzamos en el camino a su solución.

  • El trastorno mental no disminuye ni deteriora las facultades mentales, sino que las altera de forma esporádica, al contrario de la discapacidad psíquica.
  • Los trastornos mentales no son un tipo de discapacidad intelectual o daño cerebral.
  • Un trastorno mental no es incurable. La mayor parte de la gente se recupera de después de un tratamiento adecuado y puede llevar una vida diaria normalizada.
  • Hay algunos trastornos mentales graves que pueden convertirse en crónicos y, por lo tanto, necesitan un tratamiento continuado, al igual que las enfermedades físicas, que pueden ser crónicas o transitorias.
  • No se nace con el trastorno mental. La predisposición genética puede ser uno de los factores en la aparición de algunos trastornos mentales. Pero también hay factores externos que pueden ser generadores como el estrés, el consumo de drogas, traumatismos cerebrales, enfermedades físicas, un shock traumático o incluso, importantes dificultades económicas.
  • Las personas con trastorno mental no son más agresivas. Más bien al contrario, suelen ser más víctimas de actos violentos. Evitan las situaciones violentas, porque les generan un estrés excesivo. La agresividad no va ligada al trastorno sino a la personalidad.
  • Las personas con problemas de salud mental no tienen que estar ingresadas en centros psiquiátricos. Generalmente, los tratamientos no necesitan hospitalización, en el caso de necesitar una hospitalización en un centro psiquiátrico es de carácter temporal.
  • Nadie está inmune de poder desarrollar un trastorno mental. Todos estamos expuestos a las undo es vulnerable de tener problemas de salud mental, como de sufrir cualquier otra enfermedad. Una de cada cuatro personas tendrá un trastorno mental a lo largo de su vida.

Las personas con un trastorno mental pueden llevar una vida normalizada. Con el tratamiento adecuado y con un entorno social y familiar favorable, una persona con un problema de salud puede trabajar, mantener relaciones sociales, cuidar de sus hijos, etc.
El apoyo de familiares, amigos, compañeros de trabajo, servicios de salud y profesionales a las personas que sufren algún tipo de trastorno mental es imprescindible para su recuperación.

Los sistemas de salud todavía no han dado una respuesta adecuada a aquellos que sufren algún trastorno mental; en consecuencia, la divergencia entre la necesidad de tratamiento y la prestación es grande en todo el mundo.
Según la OMS, en los países de ingresos bajos y medios, sobre un 80% de las personas con trastornos mentales graves no recibe tratamiento; en el caso de países con ingresos altos el porcentaje varía entre un 35 y un 50%, sigue siendo insuficiente.
En el caso de España el porcentaje de psicólogos/as que trabajan en salud pública es de 5 por cada 100.000, es decir, un 0,005 %. Anta la falta de psicólogos/as los pacientes reciben tratamientos inadecuados sin terapia y a base de fármacos.
Además de la ayuda por parte de los servicios de salud, las personas que presentan enfermedades mentales necesitan también apoyo y atención social, formar parte de programas educativos, como mantenerse activos en su entorno social.
La escasez de psiquiatras, psicólogos/as, enfermeras/os psiquiátricas y trabajadores/ras sociales es uno de los principales obstáculos que dificulta ofrecer un tratamiento y una atención adecuada a los pacientes.
Es vital incluir la atención de salud mental en los programas de salud pública con la dedicación que merecen tanto en cuanto a la organización de recursos humanos y recursos económicos necesarios.
Una sociedad sana es también una sociedad con buena salud mental. Mente sana in corpore sano.